martes, 30 de agosto de 2011

Historia de Elizabeth y las globitaciones

Cuando conocí a Elizabeth ella no sabía nada de globitaciones.
Elizabeth era muy pequeña y casi podía tocar el suelo con la punta de sus cabellos tornasoles. Todos los días me visitaba y me preguntaba qué juego nuevo le tenía preparado. Me encantaba jugar con Elizabeth porque ella entendía muy bien mis jugarretas y no se espantaba cuando le comentaba sobre las descuartizaciones que había cometido en mi vida.
Algunas veces cuando era menguante de luna, Elizabeth se ponía muy triste y me contaba que estaba cansada de ser persona, entonces llorábamos juntas por muchos días, semanas quizás, hasta que Elizabeth me decía que quería un helado, entonces yo secaba sus lágrimas y le compraba un helado gigante color rosa, como a ella le gustaba.

Ese día yo le estaba enseñando a descuartizar hormigas con un fósforo. Elizabeth odiaba a las hormigas, pero escuchaba y veía atentamente lo que yo decía y hacía.
-¿Cuándo me enseñarás a amar de nuevo, Alicia? me preguntó de pronto. Mi corazón se apretó y se desaceleró al punto que ya no quiso seguir bombeando sangre. Me puse pálida de terror y le dije que yo no sabía qué significaba eso. Elizabeth me miró con sus grandes ojos y me dijo que la hormiga se había escapado. Nunca más mencionó la palabra amor frente a mi.
A modo de cambiar de tema, tomé una nueva hormiga y comencé a hacer mi trabajo.
-Y entonces cuando descuartizas una hormiga, ésta se convierte en una globitación y viaja por todo el universo hasta que se aburre y entonces vuelve a ser hormiga- le explicaba yo mientras partía en dos al bicho.
Allí fue cuando una desafiante Elizabeth me dijo: -¿Por qué nunca me habías hablado de las globitaciones? Entonces yo le expliqué lo que eran las globitaciones.

Las globitaciones son invitaciones de cumpleaños hechas de globos, que se dan a las personas más pequeñas, las que pueden meterse por tu ombligo hasta llegar a tu corazón y allí se quedan por toda la eternidad. Le dibujé a Elizabeth una globitación y le dije que nunca le diera una a cualquier persona.
Elizabeth estuvo diez días y dos horas dibujando globitaciones de distintos tamaños y colores, hasta que un día me miró y me dijo de forma muy seria y convencida, tanto así que mi corazón se aceleró al ver su cara sin ningún rastro de color rojizo, siempre en ella.
-Quiero romper una globitación, Cuando se rompa no lloraré más y tú no tendrás la necesidad de llorar conmigo-
Le dije entonces que a mi me encantaba llorar con ella, que era uno de mis juegos favoritos y que las globitaciones no podían romperse, por eso eran tan especiales.
Podría estar todo el día describiendo la tristeza y desilusión que se dibujó en el rostro de Elizabeth y aún así no la comprenderían. Nadie entendía a Elizabeth, solamente yo, porque nuestras almas tenían la misma edad, porque hablábamos de cosas que nadie más hablaba y nos reíamos con cosas que a nadie más le causaban gracia.
Yo comprendía y quería mucho a Elizabeth porque a veces también me cansaba de ser persona y porque ella siempre me sonreía, por eso le había regalado la más hermosa de las globitaciones, ya que Elizabeth era tan pequeña que podía tocar mi corazón.

jueves, 18 de agosto de 2011

Farsa

La puerta se abrió
En cada uno de los susurros de las calles
Sucios, moribundos
Candados casi cerrados de espanto

La felicidad consumió su cuerpo
Olvidó el pestilente olor de sus reminiscencias
Creyó en la puerta abierta al centro absoluto del dolor
Entró

¡Que obscuridad resguardada en aquel lugar!
Cual abismo propio de pesadillas colectivas
Se sintió olvidada en el vacío
El aroma del olvido le recordaba cosas maravillosas

Hogar encontró en aquel interior
En vano el hielo cubría su ardiente corazón
Sintió el sutil deseo de obtener aquel efímero sentimiento
Convertirlo en eterno
Eterno dolor.

Las calles mojan las aceras olvidadas por el dolor
La vanidad agota los asqueados retratos del dolor
La vida, el cielo, la tierra
La puerta y el candado
Todos recuerdan el dolor
El dolor que ahora suelen llamar amor

¡AY! Qué saben ellos del amor.