Y si sigues allí te hablaría de cómo hacer para seguir viendo atardeceres, dónde poner la cabeza y dónde guardar el agüita, pondríamos una mantita sobre el arena infinita mientras el viento tratase de elevarla, te ayudaría a despertar para ver todos los atardeceres de nuestras vidas y tú me enseñarías a no tener frío.
Pero si te descubriese pensando en que quieres irte, te arrojaría el séptimo atardecer por el cerebro y te diría que guardaras todas tus expectativas. Con mi furia correría junto al viento y mis cabellos se alzarían sobre tus hombros, sentirías tanto miedo que desearías poder tener un rifle para disparar, pondría mis mayores pesadillas sobre tus hombros y me reiría del sudor de tu pánico.
Pero si no te descubriese allí, si me diera cuenta que ya te fuiste, entonces me pondría azul -de tanta tristeza- volvería a ver el mar y me quedaría esperando por el octavo atardecer, me abrigaría con muchas ovejas y guardaría un poco de arena, borraría mi camino a casa para nunca dejar de esperarte y borraría tu camino al olvido, para que algún día volvieras a buscarme.