domingo, 12 de enero de 2014

Quédate un ratito

Podría decirte quédate un ratito
aquí en el nido donde no hace frío
Podría neutralizar los bordes donde no nos juntamos 
arrancarles los ojos, tacto y oídos
y por si acaso un bicho quisiera entrar 
invitarle a un café, para tenerlo cerca
por si ayuda a encontrar la verdad. 

Acaso la existencia a veces se ríe 
de nosotros, por no quedarnos ni un ratito
apunta con el dedo allí, acá
justo en los lados donde no hay frío 
y se queda hecha nudo, 
hundiéndose entre tu estómago y mi pecho. 

Podría decirte quédate un ratito 
aquí donde no hay conciencia 
hacernos olvidar que la existencia se ríe
que hay frío y bichos 
que nunca tenemos café 
y mucho menos verdad. 

Podría decirte ándate un ratito
y llenar la tristeza con lágrimas 
acurrucarme justo ahí en los bordes
donde no nos juntamos 
y borrar de la garganta y los labios
el perfecto te quiero que estuve ensayando
cinco veces en ocho días 
veinte veces en un mes

¿Podrías decirme que me vaya un ratito,
que dejemos el baile y el juego,
que me lleve la verdad y los bordes,
sacar mi pecho de tu estómago,
y mis mejillas de tus manos?


domingo, 5 de enero de 2014

Martín


Martín tiene veintitrés años 
Martín casi nunca tiene hambre
vive en una plaza, se acuesta en una banca  
justo en la punta del cerro más alto de la ciudad
y de vez en cuando pide plata para comprar cigarrillos.

Martín prefiere el invierno que el otoño
en días de lluvia baja el cerro con un gorro de lana en la cabeza
lo baja bien despacito por si el gorro no se alcanza a mojar
y a veces se le ocurre parar a medio camino y fumarse un cigarrillo.

Fracasa la mayoría de las veces en su intento de fumar.
Fracasa en su intento de odiar la lluvia.
Fracasa en su intento de no resfriarse por culpa del gorro
cubierto en lluvia. 

A veces se detesta así mismo cuando piensa en sus fracasos
''Pierdo en esto, pierdo en esto otro. 
Ni siquiera para bajar el cerro sin tropezar sirvo''
Y nunca tiene destino. 

Martín baja el cerro sólo cuando llueve
sólo con su gorro de lana
y con una cajetilla llenísima de cigarros 
que jamás aprenderá a fumar.

Pero, ¿Qué pasa cuando termina el cerro?
lo vuelve a subir. 
Así, todos los días de lluvia. 
Bajar, tropezar, fracasar al fumar, 
llegar y volver a subir. 
Porque le da miedo ir más allá de los pies del cerro
y a veces cuando llega abajo, llora para vomitar el temor
Porque el miedo se siente así, 
apretado en la garganta y como gelatina en los dientes. 

A veces en su camino de regreso, 
subiendo el cerro, deja de llover.
y Martín entra en pánico y se esconde en una casa
que le gotea el techo por dentro porque está viejísima
y ahí nunca hay personas
nunca hay perros, ni gatos, ni palomas
pero siempre hay lluvia. 

Martín se queda un rato bajo las goteras, 
esperando que vuelva la lluvia
lo desea desde el fondo 
así como cuando se grita de tanto deseo
lo imagina una y otra vez
''que vuelva a llover, que vuelva a llover''
pero la lluvia nunca vuelve. 

Muchas veces Martín se enoja
y destroza las paredes, se tira la ropa
que por qué la lluvia no vuelve
que por qué lo abandona
que por qué lo traiciona
Sin embargo, siempre la perdona
y se muerde el brazo por no poder odiarla.

Tiene como siete moretones en el brazo izquierdo
todos se los hace con los dientes 
todos se los ha hecho en días de mierda
en los que desea odiar a la lluvia
mientras sube el cerro sin que nada le gotee el gorro.

Martín piensa que le gustaría que otro ser humano le acompañara
en el camino tan complejo que es 
no poder tener a la lluvia por siempre junto a uno 
y no poder odiarla tampoco 
porque es tan elegante, tan placentera. 

Pero qué persona comprendería ese sentimiento 
si todos ellos son como la mismísima lluvia 
que vuelven y se van, sin avisar
para que otros los odien y los quieran
y a medio camino te dejen mordiéndote el brazo
esperando por un poco más de esfuerzo

Cuando al fin vuelve a llegar a su plaza, Martin llora
desea ser más fuerte, más alto
menos miedoso, menos amante de la lluvia
desea arrancarse de la existencia un rato
vivir así, como los que prefieren andar sin lluvia
vivir así, como los que no se esconden del azul
así como los que tienen casas y saben fumar
vivir así como los que bajan el cerro y no lo vuelven a subir 
nunca más.