martes, 23 de septiembre de 2014

Te quise ocho veces

Te retraté un lugar
La cueva 
Un espacio certero dónde avanzar
Me enseñaste a esperar
A decir que sí, a soñar
Nos entregamos mil veces 
Tú a mí, yo a ti
En noches de insomnio nos acompañamos
Y era todo siempre así
Como un gato con vergüenza por sentir
Como un perro sin respuestas por vivir

Y a pesar que por aquí bien cerquita también llovía
El amor cubría nuestras cabezas
Y aunque la distancia impedía tomarte las manos
Las palabras me ayudaban a rozarte la esencia

No sé cuando fue que te fuiste 
Ni por qué vomitaste el amor entregado
Pero desapareciste, yo ni me enteré
Y te llevaste cielo, camas, ojos y uñas
Eso sin contar el pedazo de corazón
Que ni por si acaso quisiste devolver

Y yo me pregunto en qué parte de la cueva te perdiste
Para regresar a buscarte
Porque ciertamente la ausencia
Es tanto más terrible que el desconsuelo
Aunque a veces también viceversa

Sin embargo, a estas alturas
Quién más me entristece eres tú ahí muy solo
Porque yo podría reencontrar consuelo
Y volver a retratar paisajes, calles y cuevas
Pero a ti, amor, ¿a ti quién te querrá como lo hacía yo?


sábado, 16 de agosto de 2014

Entretanto

Aquí en el entretanto
Me sentaré a esperar por ti
Cigarro en mano
Cual paisano esperando el socialismo
Firme melancolía
Mirando a los que hacen compañía
Y a los que hacen mofa
A esos que entre risas aconsejan
“ya deja de creer en utopías"

Pero gente, hay que decirlo
Cómo no creer en la utopía
Luego de ver esas pupilas
Encarnando el fin último
De toda nuestra lucha.  

martes, 15 de julio de 2014

Capítulo XV

Podría estar el día entero enrollada en tu pecho
O quizás la tarde entera caminando a tu lado
Compartiendo mis palabras y tus sonrisas
Sintiendo tus uñas en las palmas de mis manos.

Podría estar la noche entera bailando sobre tu cuerpo
Mirándote como si de eso dependiera la vida
Mostrándote el lunar que tengo en el pie izquierdo
Y sé muy bien que no bastaría.

No bastaría con reconocer la singularidad de tus ojos
No bastaría con hablar sobre la emoción de tus labios
No bastaría con decir que desde tu vientre hay un viaje infinito
O que entre tus manos hay tanto llanto.

Y yo ya no encuentro cómo hacerlo
Para que con las palabras se entienda
Que contigo se reinventa la compañía 
Y que llenas nuestro pueblo con tu existencia
Que si mi boca fuese patria
Tú serías revolución, causa y destino.

martes, 29 de abril de 2014

Yo que existo

Yo que soy como la acera húmeda en invierno
como el viento quejumbroso, como las nubes
cuando forman demonios atacándose.
Yo que siempre río cuando el cielo se abre
y entre pasillos oscuros grito ocho veces 
tu nombre.
Yo que me siento en el techo de la desdicha
fumo un cigarro y me prendo fuego,
a veces me pienso rendida ante los desastres.
las explosiones que vienen desde adentro,
me rindo ante el centenar de preguntas,
me rindo ante el infierno,
y dejo que los pensamientos me nublen 
el cerebro.
Porque a todos nos gusta caer a veces
y yo sin ser la excepción, me azoto
contra la acera húmeda en invierno
y me reflejo en el cemento.
Reflejo lo blando y empalagoso del corazón
reflejo la piedra de las entrañas
y no me levanto en ningún minuto
porque a veces cuando caemos
el suelo reconforta más que el cielo.



lunes, 17 de marzo de 2014

Prólogo

Hoy, a vísperas de nuestro cuadragésimo encuentro y luego de varios meses de infinito desasosiego, he encontrado el instante perfecto para mostrarte el siguiente mensaje que con tinta negra 
he grabado en mis labios. El mensaje que revela mi anhelo de que el caminar juntos 
nos diera certeza, ésa que nos indique que volveremos a vernos en noches de 
invierno y también en días frescos, que desearía existiera para así entonces
hacer del caminar un hábito, colgar los espasmos y pasear a orillas de 
un lago mientras nos mordemos con vehemencia los últimos miedos. 
Que si así fuera, nos escucharían gritar felicidad mientras la certeza 
nos pisara los pies; que nuestras bocas ya nunca ignorarían el 
presente, no buscarían un futuro, no hablarían sobre lo que 
ya no es. Deseo pudiésemos aprender a sentir la ausencia
del miedo y caminar sobre kilómetros de sueños, tener 
certeza de nuestro reencuentro al final del camino, 
certeza de que al final de todos los capítulos 
aún podrás contar conmigo 
y yo contigo.

sábado, 8 de febrero de 2014

Arena, tierra y pasto

Hemos caminado, entre baldosas escondidas en las veredas
Junto a muchas risas, muchos llantos
En los lugares más oscuros, cerros y playas
Arena, tierra y pasto.

Algunas veces me has tomado de la mano
Y hemos caminado tres cuadras completas con la vida enlazada
Otras veces he corrido delante esperando que me tomes de la cintura
O del brazo, o de la cabeza
Y que me acerques a ti como si sanaras la tristeza

El otro día me miraste y me quisiste así, sólo con los ojos
Y me mantuviste día y tarde tratando de aprender a decir te quiero
Con ojos, pestañas y pupilas
Y como no logré decirlo con la mirada
Me dediqué a hacerlo con los labios
Una vez, dos veces, te quiero ocho veces
Y aunque sé haberte convencido al primer intento
Lo repetí hasta que lo vieras incluso con tu pupila derecha

Si creyera que existe un destino, nos imaginaría juntos
Escondiendo colillas en la arena,
Escondiendo caricias en las manos
Tú al lado mío así bien seguro, con tus dedos abrazados a los míos
Bien fuerte, como si se nos escapara la vida al separarlos
Me inyectaría la felicidad en las venas
Te besaría en el pelo, detrás de las orejas 
Y en los lugares más oscuros 
Entre cerros y playas 
Arena, tierra y pasto. 

domingo, 12 de enero de 2014

Quédate un ratito

Podría decirte quédate un ratito
aquí en el nido donde no hace frío
Podría neutralizar los bordes donde no nos juntamos 
arrancarles los ojos, tacto y oídos
y por si acaso un bicho quisiera entrar 
invitarle a un café, para tenerlo cerca
por si ayuda a encontrar la verdad. 

Acaso la existencia a veces se ríe 
de nosotros, por no quedarnos ni un ratito
apunta con el dedo allí, acá
justo en los lados donde no hay frío 
y se queda hecha nudo, 
hundiéndose entre tu estómago y mi pecho. 

Podría decirte quédate un ratito 
aquí donde no hay conciencia 
hacernos olvidar que la existencia se ríe
que hay frío y bichos 
que nunca tenemos café 
y mucho menos verdad. 

Podría decirte ándate un ratito
y llenar la tristeza con lágrimas 
acurrucarme justo ahí en los bordes
donde no nos juntamos 
y borrar de la garganta y los labios
el perfecto te quiero que estuve ensayando
cinco veces en ocho días 
veinte veces en un mes

¿Podrías decirme que me vaya un ratito,
que dejemos el baile y el juego,
que me lleve la verdad y los bordes,
sacar mi pecho de tu estómago,
y mis mejillas de tus manos?


domingo, 5 de enero de 2014

Martín


Martín tiene veintitrés años 
Martín casi nunca tiene hambre
vive en una plaza, se acuesta en una banca  
justo en la punta del cerro más alto de la ciudad
y de vez en cuando pide plata para comprar cigarrillos.

Martín prefiere el invierno que el otoño
en días de lluvia baja el cerro con un gorro de lana en la cabeza
lo baja bien despacito por si el gorro no se alcanza a mojar
y a veces se le ocurre parar a medio camino y fumarse un cigarrillo.

Fracasa la mayoría de las veces en su intento de fumar.
Fracasa en su intento de odiar la lluvia.
Fracasa en su intento de no resfriarse por culpa del gorro
cubierto en lluvia. 

A veces se detesta así mismo cuando piensa en sus fracasos
''Pierdo en esto, pierdo en esto otro. 
Ni siquiera para bajar el cerro sin tropezar sirvo''
Y nunca tiene destino. 

Martín baja el cerro sólo cuando llueve
sólo con su gorro de lana
y con una cajetilla llenísima de cigarros 
que jamás aprenderá a fumar.

Pero, ¿Qué pasa cuando termina el cerro?
lo vuelve a subir. 
Así, todos los días de lluvia. 
Bajar, tropezar, fracasar al fumar, 
llegar y volver a subir. 
Porque le da miedo ir más allá de los pies del cerro
y a veces cuando llega abajo, llora para vomitar el temor
Porque el miedo se siente así, 
apretado en la garganta y como gelatina en los dientes. 

A veces en su camino de regreso, 
subiendo el cerro, deja de llover.
y Martín entra en pánico y se esconde en una casa
que le gotea el techo por dentro porque está viejísima
y ahí nunca hay personas
nunca hay perros, ni gatos, ni palomas
pero siempre hay lluvia. 

Martín se queda un rato bajo las goteras, 
esperando que vuelva la lluvia
lo desea desde el fondo 
así como cuando se grita de tanto deseo
lo imagina una y otra vez
''que vuelva a llover, que vuelva a llover''
pero la lluvia nunca vuelve. 

Muchas veces Martín se enoja
y destroza las paredes, se tira la ropa
que por qué la lluvia no vuelve
que por qué lo abandona
que por qué lo traiciona
Sin embargo, siempre la perdona
y se muerde el brazo por no poder odiarla.

Tiene como siete moretones en el brazo izquierdo
todos se los hace con los dientes 
todos se los ha hecho en días de mierda
en los que desea odiar a la lluvia
mientras sube el cerro sin que nada le gotee el gorro.

Martín piensa que le gustaría que otro ser humano le acompañara
en el camino tan complejo que es 
no poder tener a la lluvia por siempre junto a uno 
y no poder odiarla tampoco 
porque es tan elegante, tan placentera. 

Pero qué persona comprendería ese sentimiento 
si todos ellos son como la mismísima lluvia 
que vuelven y se van, sin avisar
para que otros los odien y los quieran
y a medio camino te dejen mordiéndote el brazo
esperando por un poco más de esfuerzo

Cuando al fin vuelve a llegar a su plaza, Martin llora
desea ser más fuerte, más alto
menos miedoso, menos amante de la lluvia
desea arrancarse de la existencia un rato
vivir así, como los que prefieren andar sin lluvia
vivir así, como los que no se esconden del azul
así como los que tienen casas y saben fumar
vivir así como los que bajan el cerro y no lo vuelven a subir 
nunca más.