Se puso en posición de sermonear y habló:
- No sé bien, pero las tempestades en mi cerebro me han negado la capacidad de ver algunas cosas con respecto a ti y a todo. Porque ciertamente es más cuerdo pensar en qué resultado obtendré en el examen de mañana a pensar cuando volveré a ver tu chaleco entre los granos de arena. Y no hay nadie más cuerdo que alguien que se da cuenta de aquello. Como yo, por ejemplo, que a veces olvido hasta lo que es volar entre gaviotas y me pongo a pensar en qué llevaré de almuerzo mañana. O si me compraré cigarrillos baratos o cigarrillos caros.
Por eso me gusta cuando recorro las calles de mi ciudad, porque con ellas vuelvo a recordar cómo se sentía sublimar y no hay nada más triste que un ser humano que ha olvidado lo que es sublimar en un día de primavera frente al mar.
O frente a cualquier parte. Hemos olvidado que el verde es más importante que no encontrar asiento en el bus y es bastante angustiante ver cómo somos de homogéneos, como el agua con el azúcar. Hay señales por todas partes, pero no las vemos, Querida Alicia, no vemos lo que se posa ante nuestro ojos, por preocuparnos de aquello que está más allá de nuestro campo visual.
Alicia le miró los ojos
- Me quieres decir entonces que ¿Aún piensas en el chaleco que usaba aquél día en la playa?
-Es eso justamente de lo que hablo, cada día nos hacemos menos susceptibles a cambios y a reales observaciones y es bastante cómico que sólo repares en ese detalle sin fijarte en la consistencia de lo que acabo de reflexionar.
- No es lo mío reflexionar, Martín, lo sabes. Sabes todo de mí. A veces es mejor ir pensando en chalecos y cigarrillos o en tu boca, que hoy se ve tan linda.
- Realmente no sé nada de ti, por ejemplo, no sé por qué arrugas la nariz cuando sonríes.
- Creo que yo tampoco lo sé
- Exacto, entiendes mi punto?
- No entiendo a qué quieres llegar
- al final, Alicia
- al final de qué?
- al final de ti y de ellos.
- Y si no hay un final?
- Seguiremos pensando en cigarrillos y seremos menos felices.
lunes, 27 de agosto de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
25
Recuéstate un rato aquí
Aquí, sobre mi vida
Sobre el rojo en mis mejillas
Recuéstate un rato y miremos las nubes
Aunque no sé si sabes que me aterran
Pero me tapas los ojos con la sonrisa.
Ven, descalzo para poder verte
Para recostarme sobre tu pecho
Mira hacia el arcoiris que inventamos
Juguemos a la escondida, pero sin encontrarnos
Juntemos pedazos de colillas y las dejamos sobre la tierra.
Ven, recuéstate un poquito
Olvidemos que tenemos que existir todos los días
Recuéstate conmigo
Escupamos sobre la furia, sobre la alegría
Golpeemos los obstáculos, la maldad
Y cuando llegue el final, nos levantamos
Y jugamos a que flotamos.
Flotamos sobre los árboles cortados
Sobre la tierra húmeda
Flotamos hasta ni sentir el olor a pasto fresco
Y me enseñas que las nubes no son tan feas.
Lloramos, tú, yo y el cielo
Y en diez segundos caemos.
Caemos, viejo, caemos
Caigo entre tu espalda y el suelo
Tú te azotas en el cemento
Y nos curamos las heridas
Todos los días.
Aquí, sobre mi vida
Sobre el rojo en mis mejillas
Recuéstate un rato y miremos las nubes
Aunque no sé si sabes que me aterran
Pero me tapas los ojos con la sonrisa.
Ven, descalzo para poder verte
Para recostarme sobre tu pecho
Mira hacia el arcoiris que inventamos
Juguemos a la escondida, pero sin encontrarnos
Juntemos pedazos de colillas y las dejamos sobre la tierra.
Ven, recuéstate un poquito
Olvidemos que tenemos que existir todos los días
Recuéstate conmigo
Escupamos sobre la furia, sobre la alegría
Golpeemos los obstáculos, la maldad
Y cuando llegue el final, nos levantamos
Y jugamos a que flotamos.
Flotamos sobre los árboles cortados
Sobre la tierra húmeda
Flotamos hasta ni sentir el olor a pasto fresco
Y me enseñas que las nubes no son tan feas.
Lloramos, tú, yo y el cielo
Y en diez segundos caemos.
Caemos, viejo, caemos
Caigo entre tu espalda y el suelo
Tú te azotas en el cemento
Y nos curamos las heridas
Todos los días.
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